Salida por el delta en barco.. Foto: Lugares/ Paula Teller

8 razones para visitar Carmelo

Por si hicieran falta, les enumeramos algunos motivos para cruzar del otro lado del río y tratar de descubrir por qué cada vez más argentinos echan anclas en este encantador pueblito uruguayo.

Por Constanza Gechter y Paula Teller

Viernes 10 de noviembre de 2017

En Carmelo conviven dos mundos. El de la pequeña ciudad en la que, sus cerca de 20 mil habitantes agradecen al río - gracias a él tienen mate y bizcochos en verano, pescado de río, aduana, prefectura y lanchas a Buenos Aires -, y a pocos kilómetros, el de los grandes desarrollos inmobiliarios y turísticos que han crecido a paso veloz, con inversores y famosos argentinos a la cabeza.

El puntapié inicial del turismo lo dio el hotel inaugurado en 1999 como Madison y operado desde 2002 como Four Seasons. Desde su llegada a la otra orilla, el furor por la tierra uruguaya creció, a tal punto que en la zona de chacras conocida como Colonia Estrella, el propietario de una vieja casa tuvo que instalar un atípico cartel: “Esta casa NO se vende”.

Estos son algunos motivos para no ir (o volver) a la apacible ciudad uruguaya.

1- Universo Four Seasons

El perfume de los eucaliptos invade el entorno y se deja sentir apenas se abre la puerta de la habitación. Un Buda de piedra aquí, una puerta tallada en Indonesia por allá, y el omnipresente río, al que se llega por pasarelas de madera. Los camastros diseminados sobre la playa de arena blanca y una luz diáfana que se mete, luminosa, por los ojos, la nariz y hasta dan ganas de abrazarla: es la sensación que brinda este rincón uruguayo tan particular, a sólo 6 km del pueblo.

Son 24 comodísimas suites desarrolladas en dos niveles, 20 bungalows más íntimos, con pequeño jardín propio y ducha al aire libre en medio del bosque. Cuenta demás con piscina al aire libre cae escalonada en tres niveles y tiene doble cascada y deck, piscina climatizada, spa, restaurante, un bar de piscina y un bar de tapas.

Aunque suficiente para pasarse varios días desconectado, el mundo Four Seasons no se limita al hotel, pues forma parte de uno privado mayor: el compuesto por Puerto Carmelo al que se tiene acceso si se está alojado en el hotel. Allí están el exclusivo club de campo El Faro con playa privada, su marina Puerto Camacho para quienes llegan por su propia lancha, crucero o yate, Carmelo Golf, Tierra de Caballos, y la bodega Narbona, con restaurante y wine lodge de estilo antiguo.

 
La piscina del Four Seasons de Carmelo entre árboles.. Foto: Lugares/ Paula Teller

2- Tuercas & fanáticos

Son muchos los uruguayos y carmelitanos que adoran los autos viejos y circulan con el orgullo de quien lo hace a bordo de un último modelo. Como las distancias son cortas y la gente trabaja cerca de donde vive, usan bicis y motos y el auto queda para el fin de semana.

Es más: Uruguay es conocido por albergar un museo rodante, una de las mayores colecciones de coches antiguos que aún circulan. Los autos se usan a diario y le dan un toque retro a la escenografía urbana. Hasta Carmelo llegan también coleccionistas de todo el mundo en busca de estos preciados y restaurados tesoros.

 
Auto antiguo en Carmelo. Uruguay es conocido por albergar un museo rodante.. Foto: Lugares/ Paula Teller

3- Campotinto

Queda pegadita a la capilla San Roque y está en una casa antigua reformada con excelente vista hacia los viñedos. La posada Campotinto tiene 25 hectáreas de zona rural, para experimentar al menos por un rato la vida de campo y el mundo de las vides local, ya que además de viñas tendrá pronto bodega propia. Es la idea de Diego Vigano -dedicado a desarrollos inmobiliarios- y su mujer Maui Barreiro, cuya vida transcurre por ahora entre Carmelo y Buenos Aires, y que delegan en una gerencia local el funcionamiento de la posada.

La decoración con muebles antiguos de los espacios comunes y de sus cuatro habitaciones se logró revolviendo, con la ayuda de una decoradora, toda clase de anticuarios y remates en Montevideo.

 
La posada Campotinto tiene 25 hectáreas de zona rural con una zona de viñedos.. Foto: Lugares/ Paula Teller

4- La Capilla de San Roque

En Colonia Estrella son todos devotos de San Roque. Tanto es así, que muchos de los chacareros descendientes de italianos y franceses que colonizaron la zona, eligieron el nombre Roque para bautizar a sus hijos.

La Iglesia de San Roque se encuentra en el punto más elevado de la zona y su perfil blanco curvilíneo se ve desde lejos en medio del campo. Fue fundada en 1869 luego de que una plaga de cólera azotara Carmelo. Preocupados, los colonos peregrinaron hasta acá con un cuadro de San Roque, santo protector de epidemias. Pidieron por el cese de la enfermedad, y cuando ésta terminó decidieron levantar una capilla en agradecimiento. Todos los años en el mes de agosto, se realiza una multitudinaria peregrinación en que se coloca a la estatua del santo que siempre se representa acompañado de un perrito, una corona de oro y brillantes, y collares de inmensas monedas. Raquel Giribone tiene la llave de la capilla, que suele estar cerrada. Es preferible llamarla al +598 4542-7309/7323 para anunciar la visita.

Camino de los Peregrinos s/n. Colonia Estrella.

 
La capilla de San Roque en Carmelo.. Foto: Lugares/ Paula Teller

5- Lo de José Castro

Su galería de arte es totalmente impredecible y poco convencional. Se esconde detrás de un negocio de venta de objetos para la casa, y de una prolija ferretería por donde se entra. Arriba está su casa, y en el fondo su taller de esculturas. Lo único que indica que uno está en el lugar correcto es el cartel que dice “Castro” sobre la puerta.

José Castro se presenta como carpintero ebanista, pero es su faceta de artista la que se descubre aquí. Llegó de Galicia a los 18, más los 56 años que lleva en Uruguay, sus largas jornadas de 14 horas de trabajo y cómo boceta su obra en papel antes de trabajar la madera, proceso que le puede llevar más de tres meses de trabajo hasta tener la obra terminada. Las elegidas para sus tallas son maderas nobles: cedro, nogal, fresno y quebracho en grandes o pequeñas dimensiones, y las herramientas, de todo tipo, forma y color. Cada una tiene una función.

Martes a domingo de 10 a 12, de 15 a 19. Zorrila de San Martin 373- Carmelo, T: +598 4542-2749-098162634.

 
Una de las obras de la galería del José Castro en Carmelo.. Foto: Lugares/ Paula Teller

6- Finca y Bodega Narbona

El ambiente de la cava tan subterránea es mágico, y las degustaciones de vino tienen allí un sabor especial. Más aún si las acompaña la enólogaValeria Chiola, de jóvenes años y vasta experiencia. El edifico de Bodega Narbona comparte hectáreas rodeadas de viñas con Finca Narbona wine lodge de pocas y cuidadas habitaciones- dos de ellas en lo que fue el casco original de la bodega-, y con el restaurante del mismo nombre. éste está mirando la ruta en un viejo almacén de ramos generales y es parada obligada para quienes visitan Carmelo. Prueben la tabla de quesos, sobre todo el parmesano, la especialiad de la casa y las galletas de oliva que son una adicción.

Paraje Las Víboras, Ruta 21 km 264. www.narbona.com.uy

Wake up your appetite! ????#relaischateaux #experienciacarmelo #lifeinnarbona

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7- El puente giratorio

Lo llaman el Golden Gate carmelitano, por su color rojo, y es la postal ícono de la ciudad que hay que atravesar, pues según la inscripción “quien cruza este puente regresa, siempre regresa”.

Tiene en realidad tamaño Carmelo, donde la escala es otra, y fue construido en 1912 por una empresa alemana para permitir el paso de embarcaciones más grandes mediante el giro manual del puente. Del viejo puente, aquel que éste reemplazó, se ven las bases de madera semi-sumergidas en el arroyo.

Al puente giratorio es raro verlo en acción. Sucede cada tanto cuando tres o cuatro hombres giran las manivelas manualmente y ponen la estructura metálica paralela a la costa para dejar los barcos pasar.

 
El puente giratorio de Carmelo.. Foto: Lugares/ Paula Teller

8- El tannat

Es la uva insignia del Uruguay, originaria del sudeste francés, pero que encontró en estas tierras su lugar en el mundo. Es rústica y áspera, y da un vino intenso de gran cuerpo, de taninos más vigorosos que los del malbec y el merlot, que se llevan de maravilla con todo tipo de carnes y sabores fuertes.

En Carmelo, tierra de productores vitivinícolas desde hace más de 100 años, está por todas partes. Pero no es la única, pues comparte tierras con otras cepas.

El paseo del Vino es un recorrido que se propone promover al turismo la vida entre viñedos para fomentar la zona como destino vitivinícola. Centrado en la campiña San Roque, Colonia Estrella, abarca bodegas que producen vino para los distintos mercados: desde aquellas familiares chicas que venden su producción en damajuana para la gente de campo, hasta otras cuya producción se exporta a los más exigentes mercados.

El Legado es el sueño de Luis Marzuca hecho realidad por su hijo Bernardo. De ahí el nombre: quiso recuperar los viñedos familiares alquilados durante un par de décadas y armar una bodega con la cual transmitir la cultura vitivinícola que su padre tanto amó. El resultado, un emprendimiento a pequeña escala con la última tecnología.

También está Cordano, una de las bodegas que buscan pasar de la producción tradicional masiva en damajuana al embotellamiento y profesionalización de sus vinos. En el Almacén de la Capilla, un viejo almacén de campo decorado como antaño, ofrecen riquísimas picadas, venden los vinos y productos regionales.

Muy cerca, La Concordia, de los dueños de Posada Campotinto, es el primer barrio de viñas del Uruguay, una forma de vida ligada al disfrute en torno al vino con la posibilidad de participar de un viñedo. Para eso los lotes tienen viña, y cada dueño podrá producir un vino tannat con etiqueta personal.

En Irurtia cumplen en un año un siglo de la primera vendimia. Se trata de la familia con más viñedos del Uruguay que va ya por la cuarta generación. Su fuerte es el tannat, pero el imperdible es el botrytis: un vino blanco licoroso de sobremesa que se obtiene de la variedad alemana de uva blanca gewürtztraminer, el efecto del sol y un hongo llamado botrytis, que da sabor y en la fermentación produce más azúcar. El hongo puede ser devastador y eliminar toda la viña, por eso se lo deja actuar sólo cada cinco años.

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